domingo, 6 de julio de 2014

La tragedia del pueblo nasa de Tierradentro


Ocurrió el día 6 de junio de 1994. Ahora es olvido en la memoria nacional. Pero no entre los indígenas que lograron amansar los sueños y continuar la vida. tragedias para las que el país nunca está preparado.


El día en que rugió el gigante

Elizabeth Castillo Guzmán
Popayán, Junio 19 de 2014

El gigante convulsionó. El almanaque marcaba 6 de junio de 1994. Eran las  3 y 45 de la tarde de un lunes festivo en Colombia, cuando un terremoto de 6,4 en la escala de Richter sacudía la cuenca del río Páez en el Cauca. El nevado del Huila  despertó enardecido y su bocanada de fuego consumió parte del patrimonio del pueblo Nasa en cerca de 40 mil  hectáreas de tierra. La mayoría de  las víctimas fueron indígenas y campesinos que vivían  en territorios de lo que conocemos como la majestuosa región de Tierradentro.
Más de 20.000 personas perdieron en fracción de segundos parte de sus vidas, de su historia y de su memoria. El territorio quedó estremecido y marcado para siempre por el agresivo paso de un río convertido en un vendaval de barro y piedras que no dejaba rastro a su paso y arrastraba sin compasión a vivos y a difuntos.
Se calcula que fueron cerca de 1.100 muertos y 1.600 familias que tuvieron que inventarse la vida en nuevas tierras.
Las imágenes de los helicópteros rescatando niños, mujeres y ancianos indígenas de las encumbradas pirámides de los andes, conmovieron al mundo. Era una tragedia cultural. Los recuerdos de Armero y su terrible ahogamiento en 1985 revivieron en la memoria del país. Hubo un duelo colectivo durante mucho tiempo.
En el mundo indígena se dijo que la naturaleza estaba enojada con los hombres y había obrado para dar una lección. Tenía razones de sobra, según los entendidos.


Los sobrevivientes  estuvieron durante semanas enteras en improvisados cambuches de plástico y esterilla, tratando de saber la suerte de familiares y vecinos, contando una y otra vez los eventos que no podían sacar de sus mentes. Muchos preferían no dormir para evitar las pesadillas en las cuales se repetía la avalancha. Los thê’jwala –esos sabios de la medicina tradicional indígena- dijeron: “Las gentes se enfermaron de susto y cuando uno está asustado los sueños son malos. Por eso hay que amansar, así se va pasando el susto. Es que el susto trae el frío y los malos sueños”.
Han pasado veinte años de este doloroso evento y de los malos sueños. También dos décadas de intervenciones institucionales, algunas mejores que otras. Incluso ocurrió otra avalancha en el 2008 que se llevó para siempre las viejas instalaciones de la Normal de Belalcázar con sus archivos de papel, pero que gracias al trabajo de prevención no dejó víctimas humanas.
Se habla también de los hijos de la avalancha, para referenciar a quienes nacieron en ese tránsito que alteró biografías y geografías durante 1994.
La vida de muchas familias y cerca de 15 comunidades cambió de forma definitiva a partir de este momento. La gente del resguardo de Tóez hoy vive en Caloto, al norte del Cauca. Varias comunidades se reasentaron en municipios como Cajibío y Morales. Otros fueron abriéndose camino en el Huila, el Caquetá e incluso en ciudades como Popayán.
Como el ave fénix renacieron una y otra vez, como lo han hecho tantas veces desde siempre.
Las comunidades indígenas y sus organizaciones fueron valientes y acuciosas en el lento y delicado proceso de reinventar la vida en otras tierras. Construyeron poblados, reinventaron sus escuelas bilingües y llevaron el nasa yuwe a lugares donde no se conocían las lenguas indígenas. Amansaron los nuevos territorios sembrando el nasa thul  (huerto casero).
Tierradentro sigue en pie como antiguo testigo de los acontecimientos, resguardando la memoria de una tragedia convertida en plan de vida.
Los acechos no terminan.  El gigante duerme intermitentemente y algunos siguen enfermos de susto.   
Elizabeth Castillo Guzman
Profesora Titular Universidad del Cauca
Coordinadora Centro Memorias Étnicas (centromemoriasetnicas@gmail.com)
Telefax 8244655 - Celular 3113897140
Popayán- Colombia



Fe de erratas


En el artículo anterior Las ofensas mundialistas, cambiamos el nombre del futbolista asesinado Andrés Escobar por Eduardo Escobar. Gracias a los amigos que nos llamaron la atención por esta errata. (A.V.)