martes, 10 de junio de 2014


Elecciones presidenciales en Colombia: un camino áspero

BITÁCORA DE UN PAÍS EN LA ENCRUCIJADA

Lo que acaba de ocurrir en la primera vuelta de las elecciones presidenciales ya no fue sorpresivo, salvo el repunte de la votación -sin duda de una opinión consolidada- en el caso de la candidata del Polo Democrático Clara López Obregón y su fórmula vicepresidencial Aída Abella.
Sin pretender convertir al candidato-presidente en el santo de nuestra maltrecha democracia, de nuevo el país está enredado en la trampa del caudillo del llamado Centro Democrático, que mediante las formas más groseras de la política se dispone a tomarse el poder para un tercer periodo, que puede ser un cuarto, estos dos últimos en cuerpo ajeno. Si lo permitimos los colombianos que ya conocemos su postura de usufructuario del gamonalismo tradicional de Colombia, del  capital más salvaje y de pacificar al país mediante la guerra sin derechos para las víctimas, los falsos positivos, los esperpentos jurídicos más inconcebibles, que cuando fallan se subsanan con el asilo político.
Las castas fascistas que entre nosotros han cobrado fuerza escudadas en su odio contra el comunismo, el ateísmo, y  sobre todo contra la posibilidad de construir un país más justo, saben utilizar la guerra para beneficio propio, esgrimir la  religiosidad católica como garante, declararse protector de la familia “como lo más sagrado”,  y disparar  dardos venenosos contra todo lo que suene a derechos democráticos, como el aborto, la elección sexual, la elección religiosa, incluidos los ateos, la dosis mínima, el derecho a vivir en paz, tener salud y educación oportunas y a ser disidente sin que signifique la muerte. Así, por ejemplo, hablan de una dictadura en Venezuela. Pero se olvidan que si en Colombia hubiera ocurrido lo que allá, los muertos no se contarían por docenas sino por miles. Desde luego, un solo muerto por una protesta es demasiado, pero acá los que se oponen a las dictaduras personalistas de los nuevos caudillos no son encarcelados: se mueren. Lo constatan los magnicidios, los reclamantes de tierras, los líderes sindicales, los periodistas disidentes, los de la Unión Patriótica, y ahora los de la Marcha Patriótica.
A Uribe y su gente en cambio parece no tocarlos ninguna figura institucional: si acude a la Fiscalía es capaz de embolar sus zapatos sin inmutarse; si se le acusa de hacer montajes y espionajes, resulta que los montajes y espionajes los hacen sus contradictores.
Y todo disfrazado de una incansable lucha por la “seguridad democrática”, que a la larga está escudada en la impunidad más desastrosa. Y todo refundido  entre los fantasmas que les ha hecho parecer como ciertos a los colombianos: el castrochavismo, entre otros, y el poder de las Farc, quienes según la teoría del Centro Democrático, de su caudillo y de sus súbditos, representan el único peligro que amenaza al país, sin que el pueblo confundido por su retórica altisonante entienda que las Farc son el resultado de un régimen que se impuso a sangre y fuego, antes de la muerte de Gaitán, que mostró su lado más camaleónico con la construcción del Frente Nacional, donde terminó de hundirse todo proyecto alternativo de participación política que no estuviera marcado por el bipartidismo, y que hoy, fraccionado en partidos de garaje y de conveniencias momentáneas, son los otros con las mismas. Y del llamado castrochavismo ni hablar, algo que no se le habría ocurrido a nadie más, pero que el Centro Democrático quiere mostrarnos como la más peligrosa de las ideologías de América Latina, en una jugada maestra del desatino, que influyó notoriamente en las masas a la hora de ir a las urnas o declararse en abstención.
El poder que está en juego, que pasaría a Uribe, por intermedio de Zuluaga, amenaza entre otras cosas con detener el proceso de la firma de paz con la Farc y con el ELN que se adelanta en La Habana. Se fortalecerán los grupos pacificadoras,  con una retoma de las más sangrientas. Los procesos mineros que ahora gozan de buena salud mientras destruyen ecosistemas, tejidos sociales, esclavizan y causan la muerte de ciertos de personas en zonas altamente vulnerables, tomarán mayor fuerza, junto con los TLC. Y lo peor, las represiones contra las protestas se fortalecerán. Y no porque Santos se oponga a todo lo anterior, sino que es mucho más depredadora la visión de tierra arrasada que  presenta la llamada Seguridad Democrática, dueña absoluta de la verdad, hegemonista, mesiánica y lanza en ristre contra todo lo que suene “demoniaco” en un país que al parecer sigue consagrado al Sagrado Corazón cuando la Constitución que nos rige lo declaró laico, multicultural, pluriétnico.
Todo esto ha sido repetido y vuelto a repetir por columnistas, por escritores, por analistas políticos sensatos. Pero nuestro pueblo no lee la prensa, y si la lee, una sola palabra que muestre amenazas que no existen, como el castrochavismo, basta para convencerlos de los peligros que se inventan los magos de las farsas democráticas. Con solo recordar que cuando surgieron las Farc los grandes problemas de la tierra ya existían.

De todos los defectos que se le han señalado a Santos, evidentes, un nuevo mandato del “corazón grande con la mano dura” no será más que la aceleración de la agonía de un país que se hunde cada vez más en la pobreza, en el rebusque, en la falta de salud y de educación porque todo se ha privatizado, pero espera que “caudillos verracos” lo saquen de un precipicio que ellos mismos ahondan cada día, como ocurrió con los agroingresos seguros, los crímenes llamados  falsos positivos, las celebraciones por matanzas como la del Aro y otras acciones que parecen resbalar en la memoria de sus ejecutores y del pueblo colombiano.
Todo esto ha llevado a unas alianzas antes insospechables, sólo por defender lo mínimo que nos queda de democracia y por la posibilidad de un acuerdo de paz, que va por buen camino,  en medio de más de sesenta años de guerra y de crecimiento del latifundio a costa del despojo y la sangre de los campesinos, alimentado en las últimas décadas con el narcotráfico.
En las manos de todos los ciudadanos estará la decisión este 15 de junio.

Un video: fascismo pierna arriba
es lo que nos dice este segmento de noticias que prende las alarmas sobre lo que viene en camino en caso de ganar el uribismo.

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