domingo, 27 de abril de 2014

EL LUTO DE CHEO
Rendimos homenaje al gran Ceho Feliciano. Su camino se interrumpió en la madrugada del Miércoles Santo, mientras concudía hacia su casa. Buen viaje mi gente... Buen viaje

El luto de Juan Albañil
Elizabeth Castillo Guzmán
Popayán, abril 24 de 2014

Hace cuarenta y cuatro años, en 1980, la fantástica voz de Cheo Feliciano dio a conocer la historia de “Juan Albañil”, una sentida crónica compuesta por don “Tito” Curet Alonso, ese gran compositor del siglo XX, quien diera las mejores canciones a la pléyade de músicos caribeños de la Fania All Star.  

Cheo Feliciano perteneció a esa generación de artistas que hizo de lo Latino un sello de dignidad en las calles neoyorkinas del tiempo de la llegada del hombre a la luna, el movimiento por los derechos civiles de Martin Luther King Jr., la muerte de Kennedy y la revolución cubana.

Al lado de músicos como Larry Harlow, Richie Ray, Papo Lucca, Monguito Santamaría,Yomo Toro,Bobby Valentin, Ray Barreto, Roberto Roena, Johnny Pacheco, Louie Ramirez, Willie Colón y cantantes como Héctor Lavoe, Ismael Miranda, Santo Colón, Adalberto Santiago, Pete Rodríguez,Celia Cruz  y Rubén Blades, las estrellas de la Fania y su majestuosidad salsera deslumbraron a 50.000  africanos reunidos en el estadio Statu Hai, Kinshasa, Zaire (África)  hace cincuenta años. Ese día de 1974, la versión de “El Ratón” interpretada por Cheo Feliciano, se volvió inmortal y global.

Este capítulo de la música y la cosa latina, constituye un acontecimiento transcultural del cual hace parte la biografía de Jose Luis Feliciano Vega, el hijo del carpintero que aprendió a cantar boleros en su natal Puerto Rico, y luego como muchos y tantos emprendió rumbo a Nueva York rastreando los pasos de las grandes orquestas de la época. Eran los años cincuenta y la suerte de los boricuas estaba echada. Empezó como mensajero y atrilero en la orquesta de Tito Rodríguez. Luego vendría la revelación de su talento que ocurrió a  finales de la década.

El lamento de "Anacona" y el tributo a la gente humilde de "Los Entierros" con flores de papel y lágrimas de verdad, hacen parte del repertorio extenso y prolifero que Cheo Feliciano acumuló en más de cincuenta años de vida artística.  

Juan Albañil soñaba en los andamios con el día de la igualdad

Los coros del Cheo en su pregón sobre el obrero que construía condominios para otros, pero no tenía casa propia, contienen la memoria de un género musical y una generación de músicos que  hizo de la salsa un modo de existencia sentipensante, una manera de contar la vida.

A su manera, estos latinos hicieron su propio “Woodstock” un año antes del renombrado encuentro de hippies rockeros. En 1968 empezó la historia, y solo se detuvo cuando la ambiciosa furia de los empresarios terminó por apoderarse - tal y como ha sucedido con tantas de nuestras riquezas- de las voces, los contratos y las letras que hicieron de la salsa un patrimonio de los latinos.     

Polémico y humano, demasiado humano, él como muchos otros probó el dolor de la fama que se acompaña de excesos y soledades. Eso no lo hizo inferior, por el contrario mostró la densidad de su existencia en un mundo de contrastes y mercaderías para ansiedades del alma.

Hace una semana, pocas horas antes de la muerte de nuestro nobel costeño, la voz del Cheo quedó detenida en el verso de la muerte. A sus 78 años dejó para el patrimonio de sus seguidores y de todo el continente, cientos de hermosas versiones de salsa y bolero.

Con la muerte de Cheo se va cerrando una época no solo musical sino cultural, el tiempo de las identidades en conflicto que resultaron de migraciones cuya prosperidad fundó el mito del barrio latino y el verano en Nueva York. Un tiempo vertiginoso y acelerado del “spanglish” altivo e indocumentado.
17 de abril de 2014. Dos muertes. Dos hombres del Caribe. La voz de uno, la escritura del otro. Inolvidables, entrañables y hermanos de la misma soledad de América Latina. Cheo Feliciano y García Márquez en dos orillas del mar, Puerto Rico y México.     

“En los entierros de mi pobre gente pobre
cuando se llora es porque se siente de verdad”

Habrá que recabar en la historia de cada canción, de cada pregón del cantante distinguido...

¡Familia¡ se soltaron los caballos


Y Juan Albañil todavía no tiene casa.