miércoles, 26 de noviembre de 2014

HAITÍ-REPÚBLICA DOMINICANA: UNA RELACIÓN IMPUESTA POR EL COLONIALISMO
Una entrevista a dos novelistas de la isla: la haitiana Edwige Danticat (1969) y el dominicano Junot Díaz, ambos residentes en Estados Unidos.

Edwige Danticat (1969) fue considerada en 1996 como una “de los 20 mejores americanos jóvenes”.  En 2008 fue premiada con el National Book Critics Circle Award por su libro Brother, I´m dying.

Junot Díaz  (1968) es una de las grandes voces literarias de América latina en Estados Unidos, comprometido con la causa de los inmigrantes. Fue premio Pulitzert de novela con su obra La breve y maravillosa vida de Oscar Wao, que desnuda el imperio del terror del dictador Trujillo.

“El antihaitianismo es ideología racista, sea practicada por Francia, EE.UU, RD o las élites haitianas”.

Por Servicios de Acento.com.do. 9 de agosto de 2014
"Y realmente tenemos que encontrar una manera de conseguir sacar a nuestras elites de entre nosotros. Ellas han hecho más para promover la circulación del odio y la sospecha que nadie. Sigo imaginando lo que sería posible, si nuestras élites no estuvieran gritando en nuestros oídos constantemente"
República Dominicana y Haití vistas desde la diáspora en una entrevista a los escritores Junot Díaz y Edwidge Danticat
Publicado por Americas Society and Council of the Americas.
Una conversación con Edwidge Danticat y Junot Díaz – (Richard André/ Americas Quarterly)
En un fallo histórico, el Tribunal Constitucional de la República Dominicana en septiembre pasado despojó a un estimado de 210,000 personas, la mayoría de los cuales son dominicanos nacidos de haitianos trabajadores de la caña, de su ciudadanía, al hacerlos, de hecho, apátridas. La protesta de la comunidad internacional que se produjo incluye a Junot Díaz y Edwidge Danticat, dos de los autores contemporáneos más conocidos de la isla de La Española. Amigos desde hace más de 20 años, Danticat (de Haití) y Díaz (de la República Dominicana) han sido implacables en su condena a la sentencia. En un intercambio escrito moderado por el editor de producción de Américas Quarterly y el haitiano-estadounidense Richard André, Díaz y Danticat analizan las raíces y legados del racismo y los conflictos en los países vecinos, el impacto de la decisión del tribunal, y la responsabilidad de la diáspora para construir puentes entre dominicanos y haitianos y defender los derechos humanos en el país y en el extranjero.
Americas Quarterly: ¿Qué creen ustedes que la mayoría de los haitianos y dominicanos no entienden sobre el país vecino?
Díaz: Depende de a quién le estás preguntando. Algunas personas del lado de la República Dominicana saben mucho más acerca de su vecino que otros. Algunos dominicanos son en realidad descendientes de ese vecino y podría saber algunas por esa razón.
Sin embargo, no hay duda de que no hay suficiente contacto real, y que las manifestaciones antihaitianas de ciertos sectores en la República Dominicana han contribuido a ensanchar la brecha entre ambas naciones, y han hecho más difícil para nuestras comunidades estar en una comunión fructífera, excepto a través de las generalizaciones más simplistas, divisionistas y en el lado dominicano, sensacionalmente racistas sobre los otros. Pero si tengo que responder en forma más específica: [ninguna de las partes entiende que] somos hermanas y hermanos, que compartimos una isla pobre y frágil, y que sin una verdadera solidaridad no vamos a lograrlo.
Danticat: Estoy de acuerdo en que tiene mucho que ver con a quién usted le está preguntando, y también el lugar donde se encuentra. Hay muchas familias mixtas, por supuesto; y en muchos lugares de la isla, las personas que crecen en estrecha proximidad son prácticamente indistinguibles físicamente.
También hay una gran cantidad de personas que entienden que compartimos una lucha común, y especialmente, que los pobres de ambos lados de la isla están luchando contra el mismo tipo de políticas de detención e inmigración en la diáspora. Tal vez necesitemos saber más acerca de estas personas. Con frecuencia, en el diálogo sacamos nuestras cicatrices históricas, pero no nuestros puentes históricos; esto, debido a que nuestros vecinos están exclusivamente definidos por lo que nos hicieron a nosotros, en lugar de por lo que podemos hacer juntos.
Dicho esto, creo que algunos -en verdad, no todos- dominicanos tienen una idea muy limitada, casi estereotipada de lo que una persona haitiana parece y de cómo actúa. Y con frecuencia esto tiene que ver con la gente en contra de las que algunos están más prejuiciados: las personas que trabajan en los bateyes. Cuando yo solía viajar a República Dominicana, tenía que pasar los primeros 15 minutos en una buena cantidad de conversaciones que iban y venían con alguien que trataba de convencerme de que yo no soy realmente haitiana porque ellos creen que saben lo que se supone que es un haitiano.
Conozco a muchas personas que nunca salieron de Haití y que también han tenido esa experiencia. Esto está arraigado en un tipo de falta de flexibilidad; una incapacidad por parte de algunos para vernos de diferentes maneras: como vecinos, amigos, aliados, y como hermanos y hermanas, en un sentido más abierto y más amplio.
AQ: En su opinión, ¿qué papel tiene la historia en la forma en que las dos naciones interactúan?
Díaz: Mucho. Pero para mí decir simplemente que “la historia desempeña un papel” sin por lo menos tratar de examinar los hechos duros de lo que ocurrió realmente, sólo serviría para oscurecer tanto la ya compleja situación, como la profunda culpabilidad que las potencias europeas y norteamericanas tienen en la miseria de Haití y en el conflicto entre Haití y la República Dominicana.
Tenemos que tirar con todo lo que podamos al gobierno dominicano para detener esta farsa. Necesitamos protestas y cartas y correos electrónicos… Afortunadamente, hay un montón de organizaciones e individuos que luchan por esto. La historia, de hecho, tiene un papel en lo que estamos viendo hoy. Pero es una historia compleja, multivalente, que involucra al exdictador Rafael Trujillo y el genocidio [contra los haitianos y dominicanos de ascendencia haitiana]; una historia sobre la que se cierne la depredación de Europa y EE.UU. y las élites haitianas y, sí, también la República Dominicana.

No hay duda de que muchas élites dominicanas históricamente, han hecho uso de una metafísica de odio hacia Haití para ganarse el favor de los poderes coloniales, y también como una manera de modular toda clase de contradicciones internas dentro del Estado dominicano (y como una forma de consolidar el poder a través de las prácticas nacionalistas). Pero la tortuosa historia de la República Dominicana con Haití no puede entenderse al margen de la historia mayor de las potencias coloniales que ayudaron a iniciar a la RD en la metafísica del odio hacia Haití, en primer lugar.
Danticat: La historia tiene un papel muy importante, por supuesto. No sólo la historia de la cual no se puede evitar hablar -los tiempos en que los líderes de nuestro lado de la isla estaban también en su lado de la isla. O la masacre de Trujillo en 1937. Algo que no se menciona tan a menudo es que a principios del siglo XX (de 1915 hasta 1934 para Haití, y desde 1916 hasta 1924 para la República Dominicana), la totalidad de la isla estuvo ocupada por Estados Unidos.
Por otra parte, en RD, en la década de 1960, Trujillo -quien no sólo organizó una masacre, sino que acabó con varias generaciones de familias dominicanas- fue entrenado durante la ocupación por los Marines de EE.UU. y puesto en el poder cuando estos se retiraron. Lo mismo ocurrió con el ejército haitiano, que aterrorizó a los haitianos durante generaciones. No es una cuestión de culpar, sino un hecho histórico.
Los intereses azucareros estadounidenses se hicieron más y más poderosos durante la primera ocupación, y EE.UU. incluso tenía una mano en la toma de decisión sobre cuál debía ser la frontera entre los dos países. Así que hemos tenido nuestros propios problemas internos, pero también ha existido esta muy poderosa intromisión histórica para asegurarse de que nos mantengamos divididos, para que nuestros recursos puedan ser hurtados más fácilmente, como en el caso de la producción de azúcar; o para servir como un muro contra el comunismo.
Cuando la gente habla de “color” (de piel) en la República Dominicana y estoy seguro de que esta no es la única fuente del asunto, uno puede imaginar a estos Marines del sur de los EE.UU. que llegaron durante las ocupaciones estadounidenses y establecieron sus clubes y sus jerarquías, tal como lo hicieron en Haití, premiando cualquier tipo de proximidad a la blancura, empujándonos más allá de color, hacia a una versión del sistema Jim Crow estadounidense.
AQ: ¿Qué se puede hacer para sanar esas cicatrices históricas?
Danticat: Tenemos que seguir hablando entre nosotros y airear las diferentes capas de la verdad. Tenemos que estar dispuestos a escuchar a la otra parte y aceptar ser interrogados como nosotros también interrogamos a los otros. No sólo aquí, donde es más fácil, sino también en la isla. A menudo, cuando se habla de curación, la gente piensa que te refieres a la ocupación cultural. Tenemos que encontrar formas de tener conversaciones difíciles sobre cómo hemos llegado hasta aquí.
Sé que esas conversaciones se llevan a cabo. Sé que muchos de los activistas las están teniendo entre ellos, y los estudiantes, y los amigos. Pero las personas que hablan más alto hablan con las leyes que ellos mismos crean, o con la idea de que hay toda una maquinaria nacionalista detrás de ellos.
Tenemos que seguir dialogando, y no sólo en la forma en que los jefes de los gobiernos emplean para dar la apariencia de que “consiguieron esto”, mientras esperamos a que vengan con algún tipo de solución, que probablemente significará más dinero en los bolsillos de la gente de la parte superior que buscan nuestra licencia y nuestro silencio para poder seguir adelante con sus proyectos de comercio, turismo, etc.
Pero tenemos que seguir hablando entre nosotros sin descartar al otro lado por completo. Siempre me resulta muy doloroso recordar que muy pocos líderes haitianos han mostrado mucho cuidado o preocupación por las personas que trabajan en los campos de caña en la República Dominicana. Durante la dictadura Duvalier [Francois y Jean-Claude], las personas eran capturadas por los Tonton Macoutes [milicia de Duvalier] y prácticamente vendida a través de la frontera.
Cuando era niño, yo conocí a muchas personas que les sucedió esto. Después de la masacre de 1937, los extranjeros tuvieron que llamar la atención de nuestro entonces presidente. El gobierno haitiano se mantuvo en silencio total durante semanas después de la reciente sentencia del Tribunal Constitucional. Esa reacción nos recordó -como si hubiera necesidad de recordárnoslo- que nuestros gobiernos, sin importar de qué lado de la isla sean, discriminan a los pobres.

AQ: Para citar a alguien que sé que te gusta, Oscar Wilde, en El retrato de Dorian Gray, escribe: “Las curvas de tus labios vuelven a escribir la historia”. Así que vamos a seguir hablando de todo.
Díaz: Todos los que quieren ver un mejor futuro para nuestras naciones tienen que luchar contra las toxicologías del pasado mediante la práctica de las técnicas revolucionarias simples del contacto, la compasión y la solidaridad crítica. Y realmente tenemos que encontrar una manera de conseguir sacar a nuestras elites de entre nosotros. Ellas han hecho más para promover la circulación del odio y la sospecha que nadie. Sigo imaginando lo que sería posible, si nuestras élites no estuvieran gritando en nuestros oídos constantemente.
AQ: ¿Qué papel, en su opinión, tienen la raza y la clase en el conflicto, pasado y presente, entre haitianos y dominicanos?
Díaz: El antihaitianismo es una ideología racista, ya sea practicada por Francia, EE.UU., República Dominicana o las élites haitianas. El tema racial está en el centro mismo. Es un racismo nacido del colonialismo, cuyo principio fundamental es que la gente “de color” no son seres humanos. No son sólo los blancos los que acogen su lógica bestial. Si sólo los blancos estuvieran implicados en la supremacía blanca, habría sido mucho más fácil de extirpar, pero, por desgracia, la hidra ha injertado una cabeza que sisea en todos nosotros.
Danticat: También tenemos una situación, creo que en ambos lados de la isla, o tal vez realmente en todo el mundo, pero podría parecer más pronunciada en estos dos países, donde el color de la piel pálido es una especie de moneda, donde el color de la piel puede ser percibido como una especie de clase por sí misma. Incluso, en la primera república negra del mundo, aún no estamos exentos de eso.
AQ: ¿En qué aspectos ustedes que los haitianos y los dominicanos pueden encontrar puntos en común?
Díaz: ¿No somos un pueblo africano de la diáspora, los sobrevivientes del mayor acto de inhumanidad sostenido de este mundo, que comparte una hermosa isla? ¿No estamos siendo lentamente destruidos por las mismas fuerzas que el colonialismo puso en juego? ¿El hecho de que nuestras élites gasten tanta energía para mantenernos separados no indica que nuestra última liberación comienza con que nosotros nos unamos?
Muchos de nosotros ya trabajan juntos, tanto en casa como en la diáspora. Un día, nos convertiremos en la mayoría, y sospecho que en la escatología revolucionaria del futuro, este será el primer sello cuya apertura indicará nuestra liberación.
Danticat: No quiero sonar “kumbayesca”* sobre esto, pero compartimos una vulnerabilidad; una vulnerabilidad ambiental común. Ciertamente, compartimos algunas fallas desagradables. Nuestra gente a menudo termina en los mismos barcos, en los mismos mares. Los haitianos gastan millones de dólares en productos dominicanos, por lo que son socios comerciales, formal e informalmente. Algunas personas comparten linajes, sangre, una historia común.
Dos novelistas no van a resolver este problema. Se requerirá un poco de elasticidad real para llegar a un punto de equilibrio en el intercambio, y tal vez el conocimiento básico de  que los haitianos no están tratando de destruir a la República Dominicana, como tampoco los dominicanos están tratando de destruir a los Estados Unidos cuando vienen aquí. Y la parte kumbayesca, por supuesto, es que somos más fuertes juntos que cada uno estando por su lado.
AQ: ¿Qué fue lo primero que les vino a la mente cuando oyeron de la sentencia?
Díaz: Que el liderazgo político en el RD está enloquecido y es cruel, sin medida. Y también que cuando se trata de la destrucción de vidas de inmigrantes, el expresidente Leonel Fernández y el presidente actual Danilo Medina han aprendido bien a los pies de Estados Unidos.
Lo que está pasando en el RD es una pesadilla en sí misma, pero debe ser entendida como parte de un movimiento global más amplio para demonizar y marginar a los inmigrantes -y como parte del impulso post-11/9 de EE.UU., para “reforzar las fronteras”-, que es realmente a militarizarlas. EE.UU. ayudó a la RD a militarizar su frontera, ayudó al RD a crear su propia patrulla fronteriza sobre la base de un modelo estadounidense. El mundo se está muriendo lentamente y nuestras élites están bebiendo la vida hasta el fondo del vaso; y sin embargo, esto es en lo que nuestros políticos idiotas quieren que nos enfoquemos.
Danticat: Recuerdo que me sentí muy triste. Siempre existe esta sensación de ultra-vulnerabilidad cuando usted es un inmigrante o hijo de inmigrantes. Pero es algo que esperamos que se va con las generaciones. O disminuye. Recuerdo que pensé: “¿Qué va a hacer ahora toda esta gente?”, Sobre todo, cuando me enteré de que la decisión era irreversible. Pero poco después, me sentí reconfortada por la cantidad de personas que se manifestó: la gente común, así como las organizaciones internacionales… Los dominicanos que no son de ascendencia haitiana hablaron a favor de sus hermanos y hermanas.
Pasé algún tiempo con dos mujeres impresionantes activistas en Miami, Ana María Belique Delba y Noemí Méndez, que integran una organización llamada “Reconocido”. Están muy unidos en esta lucha. Eso también fue muy inspirador.
También recuerdo haber echado de menos a Sonia Pierre, fundadora del Movimiento de Mujeres Dominico-Haitiano. No dejaba de pensar: “Ella va a tener un montón de trabajo que hacer”. Entonces recordé que ella murió de un ataque cardíaco a los 48 años, hace dos años. Esta lucha por la ciudadanía, que quedó sellada, pero que no comenzó con esta sentencia, ha estado ocurriendo por décadas. Y le había roto el corazón.
AQ: ¿Qué viene ahora, según su opinión?
Díaz: Afortunadamente, la movilización contra la Sentencia ha sido fuerte y la reacción internacional unánime negativa. (Aunque vale la pena señalar que el gobierno de [Barack] Obama, que no es amigo de los derechos de los inmigrantes, ha sido bastante mudo en su condena.) Me entristece decir que los políticos que organizaron esta gran violación de los derechos humanos, está claro que no esperaban este tipo de reacción violenta.
Pero ya veremos cómo sigue. En este momento, el partido en el poder, el Partido de la Liberación Dominicana, está tratando de salvar la cara, haciendo parecer como si ellos nunca tuvieron la intención de que esto resultara un asalto contra nuestros ciudadanos de ascendencia haitiana, sino sólo como un intento para “regularizar” un sistema que no funciona, lo cual no es más que una mentira en negritas. Como dije antes, vamos a ver. Vamos a seguir luchando, por supuesto. Pero esto va a demostrar que se necesita algo más que prestar ayudar durante un terremoto para que un país se desprenda de la metafísica del odio hacia Haití.
Danticat: Creo que probablemente seguirá el camino de la acción individual. La gente comenzará a preguntarse si deben gastar su dinero en un lugar donde las personas pueden ser tratadas de esta manera en forma legal, lo cual por supuesto, da licencia para que otros actúen en lo que dice este fallo, o lo lleven aún más lejos. Me gustaría que los intereses comerciales, las oficinas de turismo, etc., entraran en la conversación y fueran más francos, porque en última instancia, todo se reduce al dinero. Cuando los bolsillos están en juego, la gente se ve forzada a actuar.
Díaz: En primer lugar, el mundo debe preocuparse siempre, cada vez que se produce una gran violación de los derechos humanos, en cualquier lugar del planeta. Hay una razón que se llama “derechos humanos”: un golpe contra uno es un golpe para todos. Las injusticias paren horrores si no se controlan, y en este momento hay suficientes horrores en el mundo.
¿Por qué es importante para mí? Porque la isla es mi lugar de nacimiento, y una de mis dos casas; y si la gente como yo no combate sus injusticias, no lucha por el mejor futuro que merecemos, ¿quién lo hará? Como dominicano que vive en EE.UU., a mí me importa muchísimo que las elites políticas en la República Dominicana estén encendiendo el odio étnico-racial contra los haitianos para dividir al pueblo y evitar que se organice en contra de sus enemigos reales, esas mismas élites.
Los partidarios de la sentencia la defienden con una gran cantidad galimatías de altos vuelos, sobre necesidad burocrática, etc. Pero la realidad es que la decisión tiene que ver con la creación de un grupo permanente de ciudadanos de segunda clase en la República Dominicana. En cuanto al costo humano, todo lo que uno tiene que hacer es viajar a la República Dominicana y verá el terrible daño que este tipo de política ha causado y sigue causando.
Al nivel estructural, conozco a personas a quienes les han quitado sus trabajos, y a otros que son incapaces de obtener la documentación para viajar o incluso a ser educados. Pero en un nivel más fundamental, el sentimiento antihaitiano ha llegado a un nivel que nunca he experimentado antes. Es un desastre. Este es el tipo de deformación creada por la hechicería política que va a necesitar mucho trabajo y buena fe para deshacerlo.
Danticat: Tanto Junot como yo -me corriges aquí si me equivoco- crecimos en la pobreza relativa en nuestros respectivos lados de la isla.
Díaz: Oh sí, en la pobreza abundante.
Danticat: En nuestras vidas, incluso cuando estábamos viviendo en la isla, también estábamos conscientes de nuestro privilegio relativo cuando viajábamos a ver a los familiares, o el tiempo de permanencia en el campo o las provincias rurales. Eso te hace extraordinariamente consciente de lo que significa “oportunidad”. Y te hace hipersensible a no ver sólo algunos, sino una serie de derechos y oportunidades que se llevan de un solo golpe.
Uno espera que usted siempre puede hablar. Incluso cuando la cuestión no es tan clara como esta. Uno espera que usted diga si alguien está durmiendo en el suelo en una celda de la inmigración en Texas, o si hay personas que están siendo torturadas en Guantánamo, sin importar su nacionalidad. La vida de las personas está siendo afectada aquí de una manera que toca a sus hijos y a los hijos de sus hijos.
Incluso en nombre de su propio interés, la gente en el poder en la República Dominicana debe ver que ellos están creando un problema aún mayor. Ellos están tratando de patear una roca de Sísifo en el camino para obtener beneficios políticos o como moneda de cambio para el comercio. Tal vez estén esperando que varias generaciones de sus ciudadanos se “auto deporte” a Haití si usted les retira su identidad.
Pero lo que están haciendo es crear un nivel de personas que no puede contribuir, más allá quizá de su fuerza física limitada, a una sociedad en crecimiento. Le quitas su capacidad de aprender, de trabajar, y también están distanciándose de su capacidad para seguir construyendo una sociedad que ellos han ayudado a sostener durante muchas generaciones hasta ahora.
AQ: ¿Cuál debería ser la respuesta nacional e internacional por los individuos y los políticos? ¿Qué papel pueden desempeñar en la promoción de este tema?
Danticat: Recientemente, los miembros del Senado y la cámara baja Dominicana aprobaron un proyecto de ley de la ciudadanía. Pero, al menos en este punto, parece que las personas que nunca pudieron obtener sus certificados de nacimiento, en primer lugar, van a tener un tiempo difícil utilizando los canales que ofrece el proyecto de ley.
Cuando la cámara baja votó por unanimidad a favor del proyecto de ley, Juliana Deguis Pierre, que era el demandante en el caso del Tribunal Constitucional que fue central en la decisión, dijo a periodistas: “Espero por Dios que ellos me den [mi ciudadanía] de nuevo a mí, por todo lo que he pasado y todo lo que he sufrido”. Sólo para aquellos que dudan de que la sentencia tenga consecuencias reales, Deguis no pudo viajar a EE.UU., ya que, aun con tanta atención como la que había conseguido dada su participación en un caso histórico, no tenía los papeles para viajar.
Imagínese lo que es para alguien que es mucho menos visible que vive en un batey.
Una comisión bilateral Haití / RD se ha reunido un par de veces, y en el momento en que estamos hablando ahora, a mediados de mayo, no había dado resultados concluyentes. El interés internacional inicial en este asunto se ha enfriado un poco. Los ciclos de noticias son cortos y la gente se mueve con rapidez, pero es importante no bajar la guardia.
Pudo haber habido inicialmente una percepción de que este fallo no sería detectado. Pero los pocos avances que hemos tenido, que el gobierno dominicano (e incluso el haitiano) se ha visto obligado a tomar alguna acción, tiene mucho que ver con el hecho de que las personas se han manifestado en todo el mundo, de que han hecho llamamientos al boicot, que la gente ha escrito cartas y ha llevado el asunto a las ondas, y que algunos grupos han cancelado sus conferencias y llevado su dinero a otra parte.
Todo esto ha ayudado y seguirá ayudando. Tenemos que seguir para escuchar de cerca a los líderes sobre el terreno, a las personas que están actuando todos los días. Estoy seguro de que no están dispuestos a descansar en el corto plazo. Y nosotros tampoco. Luchas como este son largas y duras, y la gente tiene que mantener sus ojos puestos en el objetivo.
Y cuando se tiene un resultado justo, no sólo mejora la situación concreta que estamos hablando; también es un paso adelante para las personas oprimidas en todas partes. Es por esto que aún podemos aprender de las lecciones del movimiento de derechos civiles en Estados Unidos y la lucha contra el apartheid en Sudáfrica. El resultado correcto en situaciones como esta, finalmente, pueden hacer del mundo un lugar mejor.
Díaz: Tenemos que tirar con todo lo que podamos al gobierno dominicano para detener esta farsa. Necesitamos protestas y cartas y correos electrónicos. La gente está hablando de un boicot contra el país hasta que se retire la sentencia. Afortunadamente, hay un montón de organizaciones e individuos que luchan por esto.
Uno siempre puede llegar a ellos. En mi lado de la isla, hay un Comité de Solidaridad con las Personas Desnacionalizadas. Está Dominicanos por Derecho y también el MUDHA, de Sonia Pierre. En cuanto a mí, yo hago lo que puedo. Combato a estos idiotas con todas mis fuerzas. Pero si tú eres como yo, siempre sientes que puedes hacer más.