miércoles, 21 de enero de 2015

Islario del sur  de retorno en el 2015
Desde el sur lo diverso
Dirige: Alfredo Vanín Romero

Despedida a Germán Patiño
Lecciones indígenas de paz
Racismo en boca de funcionarios

Hasta luego a Germán Patiño

En Cali, Colombia, el pasado día 19 de enero, falleció Germán Patiño Ossa, el historiador y antropólogo que investigó con gran  rigor manifestaciones culturales del Pacífico colombiano como la música y la gastronomía. Su visión de la cultura afrocolombiana lo llevó a concebir, crear y consolidar el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, en 1997, que sigue sin interrupciones.  

Invitamos a leer algunos artículos que registran su biografía y  su legado como investigador, escritor, funcionario, gestor cultural y catedrático.




A propósito del proceso de paz que avanza en Colombia y la lucha contra el racismo, reproducimos artículos de dos docentes del departamento del Cauca (Colombia): Elizabeth Castillo Guzmán nos habla de las lecciones de paz de los indígenas caucanos y  Letty Patricia Fernández denuncia las posturas racistas de funcionarios.


Una lección indígena sobre la paz y conflicto en Colombia

                                                                            Elizabeth Castillo Guzmán
   
El departamento del Cauca es tal vez uno de los escenarios más golpeados por la larga historia del conflicto armado en Colombia, y a la vez una geografía de resistencia comunitaria.
Ese es el caso de Toribío, un municipio con población indígena, que como muchos otros, ha vivido y padecido de forma directa los rigores de la guerra. Prácticamente todos los grupos insurgentes han hecho presencia en su territorio. Sin embargo eso no ha sido un impedimento para la incubación de importantes procesos organizativos que han merecido en varias ocasiones reconocimientos nacionales e internacionales.
         Según los registros oficiales de prensa, en Toribío, desde 1979 la guerrilla ha hecho más de 600 hostigamientos y se ha tomado el pueblo 100 veces.
         A finales de los años setenta  las comunidades del norte del Cauca y sus cabildos fueron protagonistas del surgimiento del Consejo Regional Indígena del Cauca - CRIC - y su monumental movilización política y territorial. Luego en la década de los ochenta,  liderados por el sacerdote Alvaro Ulcué Chocué, construyeron las bases del Proyecto Nasa, una propuesta visionaria sustentada en la combinación de educación, cultura, comunicación y producción indígena.  Pero el 10 de noviembre de 1989 fue asesinado el religioso indígena, y el luto colectivo por la pérdida del  Nasa Pal produjo mayor compromiso con  el camino trazado.
         El Proyecto Nasa cobró una trascendencia inusitada. Con la fuerza del corazón y del nasa kiwe, las comunidades sostuvieron su educación propia, sus cultivos, sus emisoras, sus asambleas y sus saberes antiguos, en medio de ametralladoras y cilindros bomba que bajaban de la cordillera constantemente. Gracias a su tenacidad 13 resguardos de la región tienen actualmente escuelas bilingües,  adultos en procesos de educación superior y muchos líderes capacitados.
         En 1997 la Unesco consideró excepcional este proceso ancestral y comunal del Proyecto Nasa, y por eso distinguió a 36 de sus líderes, hombre y mujeres, como “Maestros en Sabiduría” por su trabajo en bien de su comunidad. Su labor había servido para mejorar la organización social y económica de 210.000 personas.
         La cosecha de dos décadas de resistencia se hizo visible internacionalmente. Figuras del prestigio del juez Baltasar Garzón se hicieron amigos de casa, y con ello fue posible el respaldo mundial a su lucha por la autonomía.
         En el año 2002 recibieron el Premio Nacional de Paz como reconocimiento a su tarea incansable por recuperar y fortalecer la identidad cultural, reforzar la capacidad organizativa interna y capacitar a los jóvenes.
El 7 de junio de 2005 se lanzó el Premio Nacional de Paz desde el parque central de Toribío, como un acto de apoyo y solidaridad con una comunidad que para entonces ya superaba 200 familias en situación de desplazamiento debido a los combates en veredas distantes del casco urbano.
         En el año 2004 la guardia indígena del Cauca, concebida en estos resguardos, fue reconocida como “Agente internacional de Paz” y recibió el Premio Ecuatorial otorgado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, por su ejercicio de control territorial y resistencia contra los grupos armados.
         A pesar de las distinciones y los premios, el pasado 5 de noviembre, Antonio Tumiñá y Daniel Coicué, miembros de la guardia indígena, fueron asesinados por la guerrilla en el corregimiento de San Francisco.
         En este trasegar entre el conflicto y la paz, las comunidades han despedido a sus grandes líderes, asesinados a manos de los actores armados. Nombres y biografías que se rememoran a diario con las nuevas generaciones en las aulas de clase y, que se saludan en los rituales de armonización del territorio.
         En 1997 el filósofo e historiador argentino Enrique Dussel analizó esta experiencia de las comunidades Nasa, y señaló que se trataba del primer caso “de liberación exitoso, después de los años 60, hecho por los pobres y desde los pobres en América Latina”.
         El patrimonio moral y ético de una sociedad reside en su propia historia, y el devenir de los pueblos depende de su olvido o su memoria a este respecto.
         Ojalá las y los docentes encargados de enseñar estos temas, le cuenten a niñas, niños y jóvenes que la paz hace mucho la empezaron a construir los indígenas del Cauca.

http://www.elpueblo.com.co/elnuevoliberal/una-leccion-de-paz-conflicto/


Denuncia de racismo
¿ Y vos comés chulo?
Letty Patricia Fernández Guisao

En varias ocasiones he tenido la necesidad de visitar el Archivo de la Gobernación del Cauca para buscar una información necesaria que apoye mi proceso de investigación con el fin de obtener mi título de historiadora como lo he referido en varios momentos. También he mencionado que los archivos están en estado de coma y que el de la Gobernación del Cauca está en proceso de inventario; todavía.
De hecho, hoy 8 de enero, lo visité nuevamente para revisar el Registro Oficial de la primera década del siglo XX preparándome para examinar al menos dos tomos del Registro, y me fue completamente imposible porque aún se encuentran allí las personas designadas por la firma Innovar Documental del Cauca orientados por una profesional quien no conoce el significado de las palabras enseñanza, ética, respeto, tolerancia, sana convivencia, investigación, y todas las relacionadas con la formación que pueda recibir cualquier ser humano que haya pasado por la escuela.
Este trabajo de inventario más parece una reunión de personas dedicadas a subvalorar a los otros, en especial a la población afrocolombiana que uno serio con la disciplina y dedicación que se requiere para manejar los documentos que hacen parte del archivo en mención.
Los temas de conversación de este grupo de gente están basados en sus relaciones amorosas, desde su orientadora hasta el último de sus pupilos, de sus relaciones íntimas, de sus pleitos con aquellos que no encaja en su estereotipo, de los antojos gastronómicos o de las proyecciones de procreación, lo que en tiempo dura 60 o más minutos; tiempo que cobran por hacer cosas distintas a las que están estipuladas en el contrato.
Por supuesto que no me interesa si son casados o no, si tienen hijas o no, si les gusta la pasta o el ajiaco ni mucho menos si conocen el Kama Sutra; lo que me disgusta es el lenguaje soez con que se comunican y más aún, el racismo y la discriminación racial que se ejerce sobre nosotros sin que sientan el más mínimo respeto por la diferencia étnica y racial.
Sumado al mal tratamiento que nos dan, hacen chistes racistas que me producen gran dolor e indignación; no distinguen entre mito y realidad al mantener en su memoria las típicas leyendas que no sé quién se las inventó para caracterizarnos, irrespetando tanto el lugar de consulta como a sus visitantes. Pero lo más ofensivo es la expresión que usaron para describir un encuentro íntimo cuando uno de los miembros hace parte de nuestra gente negra: comer chulo.
Ruego a Dios que esta denuncia sirva para una sanción ejemplar que les enseñe a ese grupo de personas que está encargado de la organización de este archivo que somos ciudadanos colombianos, especialmente, afro, negros, palenqueros y raizales y que nos cobijan los mismos derechos; que nos hemos ganado, a pulso, cada espacio que ocupamos porque han sido 500 años escuchando expresiones discriminatorias y racistas y viviendo experiencias dolorosas como la que viví este 8 de enero de 2015.
Y pido a Dios, también, que sean capaces de ofrecer disculpas públicas no sólo por tratarnos mal sino por el dudoso inventario del cual son responsables.