viernes, 21 de junio de 2013

Retomamos hoy (en pleno solsticio de verano) el blog que había quedado olvidado en alguna parte de nuestros viajes. Reiniciamos la tarea (ojalá sin soluciones de continuidad) con un maravilloso texto de la profesora Matilde Eljach de la Universidad del Cauca (Popayán, Colombia), quien (a propósito de un recital en Popayán) mediante un recorrido profundo, descifra elementos de una cosmovisión poética. A ella nuestras gracias. A los lectores, igualmente. 

ALFREDO VANÍN
               
Por Matilde Eljach*

        “El fermento se cuece en el limo…” dice el poeta, etnólogo y escritor Alfredo Vanín, quien nació en 1950 a orillas del río Saija, jurisdicción del municipio de Timbiquí, región Pacífica caucana, entre la cordillera y el mar, cerca de Guapi donde creció y en Buenaventura y Cali donde siguió construyendo su vida. Podríamos oírlo decir sobre su nacimiento: “Brun el Ungido nació en pueblos coronados por el soplo de la Madre-del-Agua./ Sus historias, como los pájaros querían,/ se narran en esquinas,/ en orillas donde la muerte es más esquiva./ Corren como los ríos: aligeradas de memoria,/tornadizas y húmedas,/ manchadas de prodigios”. Desde su primera infancia expresó sus capacidades poéticas con la escritura amorosa, publicada en su primer libro de poemas, Alegando que vivo. Ha sido profesor, periodista, investigador cultural, poeta, narrador y ensayista. Dirige talleres de formación literaria y es consultor en instituciones y organizaciones sociales. Varias veces ha sido condecorado, premiado e invitado a festivales y certámenes internacionales de poesía. En 2011 la Universidad del Cauca le concedió el Doctorado Honoris Causa en Literatura, en reconocimiento a su inconmensurable aporte a las letras y a la cultura.

        Los excepcionales habitantes del paisaje de su infancia van a poblar toda su obra con una complicada cosmovisión que dibuja una trama laberíntica: “Mi boca está llena del rumor de los hierofantes./ Sé que debo transgredir las fronteras y aventurarme más/ allá de la espesa selva que huele a orines de diente-de-sable./ Me tornaré invisible cuando haya alzado la burbuja de/ rocío que esconden las piedras./ Entonces olvidaré mi nombre y desdeñaré los otros. No/ seré ni el Gaviero ni Altazor. Seré únicamente el fuego/ trasnochado de un soñador que dejé atado al banquete”.

        La literatura y los estudios humanísticos sociales y antropológicos le equiparán a su camino los mitos heredados de la antigüedad helénica, logrando el renacer de los tiempos en la madre agua, la madre mar: “Surgí del mar, a un paso de los desvelados,/ y fui dueño de un río que corría a los brazos/ de la madre del agua…”. Vanín reconstruye el Pacífico colombiano, por la alusión al río, a los peces, a los caminos intrincados e indomables: …Allí donde el mar pregona un son, el tambor es gavilla En el rayo para los hijos de Obatalá. En contra de todo vendaval conservaremos Nuestros reinos…nos canta Vanín en su poema, resaltando el significado espiritual que marca su quehacer literario, permitiendo el detonar de la ancestral rebeldía y la persistencia en resistir a lo inhumanamente instituido: “Es mi manera de alterar el orden/ sin incitar las fauces/ que son comunes a ciertos especímenes/ de la nueva tragedia./ Un asedio en la lluvia/ una astromelia que claudica/ pero nada detiene mi discordia/ ni mis sueños que nuevamente han fracasado/ y ahora purifico en las hogueras/ de la rabia y el júbilo/ harto digno de mi nuevo pánico”.

La obra de Alfredo Vanín inserta la selva, los ancestros, los elementos fundantes de la cosmovisión del pueblo negro; perfila su visión del mundo, el orden de relación con las cosas. Señalan las formas de ser uno con la naturaleza y con los otros seres, para instalarse en el mundo de manera ritualizada.  

En su novela Los restos del vellocino de oro (2008), recaba en la noche de los tiempos, aquella “última pieza viva del rompecabezas de su génesis”, en la tradición oral de su pueblo, en la memoria viva y presente de sus ancestros, en el registro palpitante de las voces de su pueblo, “por los callejones de sus recuerdos”.

Entre sus libros de poesía destacamos Alegando que vivo, 1967, Cimarrón en la lluvia, 1991,  Islario, 1998, Desarbolados, 2004. Y entre su narrativa: El tapiz de la hidra, 2003, Otro naufragio para Julio, 2004, Historias para reír o sorprenderse, 2005 y Jornadas de tahúr, 2005, en los cuales las palabras entregan un territorio de lluvia, vegetación desbordada y ríos de barro y fábula. Y que se expresan allí, en esas otras formas de vida-muerte que es la cotidianidad de muchos pueblos. Donde los niños mueren de desnutrición, de abandono, de indiferencia; donde los niños ven un mundo precario desde la barrera, en un mundo donde no hay acceso posible; porque todo confluye en una especie de memoria-olvido, ante lo cual la obra poética de Vanín levanta la belleza de la palabra fustigante y poderosa, cargada de sentido y de esa forma que asume la esperanza que es mucho más que razón y poder,  y constituye esa otra razón, ese otro poder, auténtico, recóndito, alimentado con la fuerza y el poder de los ancestros; y de sus novelas mencionamos Otro naufragio para Julio y Los restos del vellocino de oro.

Alfredo Vanín es la voz que habla por todas esas voces, porque solo quien ha vivido con la búsqueda de caminos invisibles que reescriben otros tiempos, puede sin duda alguna, desbrozar laberintos hechos de mar y lluvia, de llanto y puños levantados. Cimarrón en la lluvia y ante el viento, desencadenador de fuegos, el poeta invoca para sí, para nosotros, para la vida, para el futuro, a sus “Dioses de mar y fuego/ de turbulencias en los ojos/ invocados a la hora de irse a pique las naves/ cuando tiemblan y padecen los invisibles/ caballeros del océano…”.

Maestro Vanín, gracias por traernos esta tarde las naves encantadas en las que zarparemos en busca de nuestra ancestralidad guerrera, que desde la desmemoria de los tiempos, sigue cantando en contra de todo vendaval para devolvernos nuestros reinos.

Popayán,  marzo 26 de 2013.


*Socióloga, Magistra en Antropología Jurídica; actualmente adelanta estudios en el Doctorado en Antropología en la Universidad del Cauca; integrante del Grupo de Investigación Cultura y Política y del Taller de Formación Literaria RELATA Popayán.

sábado, 2 de febrero de 2013


DE ISLA EN ISLA

DOS MOMENTOS DE CRISIS

1.  BASURAS Y POLÍTICA

             Una de las sorprendentes avalanchas que se dieron durante la crisis de las basuras en Bogotá DC, Colombia, fueron las producidas en la prensa contra el alcalde Petro. Es  cierto que hubo apresuramiento y falta de planificación, es cierto que la ciudad estuvo al borde de un colapso sanitario, pero el tono de la mayoría de las noticias dejaba entrever con  claridad que muchos periodistas esperaban o, mejor, querían que el plan de Petro fracasara.
     Critico la falta de planificación porque Petro, como marxista, debió saber que ningún capitalista renuncia de manera tranquila a sus privilegios económicos, llámense negocios, regalías, pensiones, concesiones. Y lo lógico fue establecer con ellos un plan gradual de reducción del  monopolio sobre la recolección de las basuras. Finalmente ellos en retaliación dejaron a Bogotá con enormes cantidades de basura a última hora, con el objetivo expreso de que el plan de Petro fracasara. Una jugada maestra, pero sencilla y previsible, que los tiene de nuevo en la tabla de acreedores crónicos del Distrito, por algo más de cuatro mil millones de pesos mensuales.
     Hubo apresuramiento porque aún no se tenían los mejores equipos para iniciar la recolección, frente al desafío que significa la producción de basuras en una ciudad nuestra, así sea la capital de la república. Hubo exceso de ingenuidad, igualmente, porque Petro lanzó un decreto que nadie cumpliría de la noche a la mañana: obligaba a reciclar en la fuente, pero cuando alguien está en contra de otro, sobre todo cuando los enfrentamientos son políticos, nos olvidamos  incluso de que somos partidarios de la ecología, incluso a veces fanáticos que armamos un sermón porque alguien arroja un papel a la calle. Fue un decreto en falso, porque no estuvo precedido de una reeducación de una ciudadanía que sigue dividida por la importación de los famosos carros recolectores.
     Digo que se quería que Petro fracasara. Los medios –hijos espurios del poder económico de nuestro país- nunca elogiaron la intención de Petro de permitir que por medio de la recolección de la basura, los recicladores tuvieran una participación destacada en la cadena de la basura, sino que a cambio los monopolios tradicionales, que en realidad funcionan apalancados por el poder político, continuarán usufructuando el enorme y a veces maloliente negocio. Elogiable la intención en un país que proclama a todos vientos que trabaja por la reducción de la pobreza, la desigualdad, la inequidad y la discriminación. Basura verbal que no se traduce en un programa objetivo sino que se presenta a retazos, en buenas intenciones, pero sin permitir que el monopolio económico salga de las manos donde siempre ha estado. Las cifras que presentan las ganancias del sistema financiero en este año pasaron del billón de pesos. Es un gran logro, dicen los medios, dicen los economistas, dicen los gremios. Pero para que esa cifra sea posible, es necesario matar de hambre a miles de colombianos, sin ninguna piedad. Pero por semejantes abismos de corrupción y de inequidad que reina en nuestro país, nadie es cuestionado, ni por la marginalización o muerte de miles de compatriotas.
En cabio, ya una autoridad civil dejó en claro que demandaría a Petro para ser destituido por atentar contra la salud de los bogotanos. Sin embargo, acabamos de leer noticias en las cuales el interés por la revocatoria del mandato de Petro no es del interés de sus más fuertes opositores políticos. Una paradoja, mientras la popularidad del mandatario decrece, pero los políticos más prudentes saben que un proceso de revocatoria de mandato es dispendioso.

2.  UN DÍA EN LA VIDA DEL PRESIDENTE CHÁVEZ

Los opositores y los medios de comunicación sensacionalistas parecen estar girando en medio de un remolino patológico. Exigen que se diga ya en qué lugar del cuerpo está localizada la enfermedad del presidente de Venezuela Hugo Chávez y por qué no firma ciertas cartas, si ya murió y está momificado, si habló con Cristina o con Ollanta Humala. En fin: equivale a decir que debe instalarse una cámara en la sala donde convalece, pero debe también diseccionarse el cuerpo de Hugo Chávez para que pueda observarse su estado de salud de manera directa. Porque no parece interesar como ser humano, sino como presa de la voracidad política de quienes en este momento están atacando los frentes de trabajo de un gobierno que decidió redistribuir la riqueza de un país, en lugar de continuar acumulándola en las manos de los monopolios, pero con los referentes situados en el gran imperio capitalista.
América Latina y el Caribe siguen mostrando cambios. Ver a mandatarios y ministros reunidos (de Martinica, de Haití, de Bolivia, de Ecuador, de tantos lugares), cuando antes no se tenía ese derecho fuera de la OEA, indica claramente que América está cambiando. Y que la misma OEA por boca de su Secretario declare que la Corte de Justicia de Venezuela tiene derecho a tomar una decisión sobre la ausencia de Chávez, es un gran avance.
Lamentablemente, al pueblo colombiano le hicieron creer que Chávez era un enemigo de Colombia, “porque allá le dan refugio a los terroristas de las Farc”. La verdad es que se trata de uno de los trucos antiguos: el modelo político de Caracas es diferente, trabaja –aun con sus errores- sobre la valoración de lo comunitario y la participación de un pueblo que antes era anónimo, irrelevante para las decisiones, salvo la de ir a las urnas.
Mientras abundan los rumores y los comunicados, los montajes fotográficos de diarios tan prestigiosos como El País de España, las incógnitas no se despejan. Pero no pueden despejarse de la manera casi carnívora como los opositores esperan la noticia de la muerte de Chávez, que es posible, pero Venezuela sabrá continuar por el rumbo –si el deceso o la incapacidad total se dieran- de la transformación a fondo de una sociedad que naufragó en la pobreza ocasionada por el petróleo, como ha naufragado la nuestra en Colombia con el oro, con el carbón, con el petróleo  y el ferroníquel, construyendo la opulencia para otros, y de ñapa saqueado por la corrupción, las pensiones irresponsables y la voracidad del capital.