sábado, 13 de marzo de 2021

 

MIRADAS A TUMACO

Por Alfredo Vanín

El nombre oficial de la ciudad es San Andrés de Tumaco. Su gran extensión rural lo convierte en uno de los municipios más grandes de Nariño y de Colombia. Hace límites con la Provincia de Esmeraldas (Ecuador), fronteras que solo demarcan un mapa, pero no una relación cultural fluida y llena de contradicciones: por un lado las relaciones  familiares y comerciales a pequeña escala, y por otra la desastrosa movilidad del narcotráfico que la convierte en una zona de alto peligro. La carreta binacional está a punto de ser concluida y unirá por fin a las dos naciones que antes aprovechaban el mar y el río Mataje para transportarse solo por vía acuática. Como “fundación oficial” se tiene la del  año 1.640,  atribuida a un sacerdote. Pero sin embargo, es mucho más confiable la versión de unos esclavizados que huyen de las minas del Telembí y otros ríos mineros y crean un poblado muy cerca de donde se encuentra ahora Tumaco. Hoy, los indígenas awá, de la cordillera, están en distintos lugares del Distrito. Los eperara se asentaron  en años pasados en zonas del río Mejicano –después de una larga peregrinación-  huyendo de la violencia en el río Saija y el Sanquianga, al norte. 


Estatuilla túmac

Pese a los conflictos, Tumaco sigue siendo un lugar exquisito, lleno de sorpresas y contradicciones. Según el mito, el pueblo creció  sobre tres peces, sobre los que la arena formó las tres islas: el Morro, La Viciosa y Tumaco.  Y cada vez que los peces cambian de posición, hay un terremoto. Lo cierto es que el pueblo está situado en una zona de alta sismicidad, sobre el famoso Cinturón de fuego del Pacífico. La silueta del Morro, en la playa homónima, es mayor sitio de atracción y el emblema de Tumaco, junto a Bocagrande, la playa histórica de la canción “Noches de Bocagrande”, de Faustino Arias Reynel.

Fue el asiento de una gran civilización denominada Tumaco-La Tolita que tuvo su origen en migraciones prehistóricas desde el actual país ecuatoriano. Su nombre obedece a las tolas o montículos donde se practicaban en algunos casos entierros ceremoniales.  La cultura túmac sorprende con los hallazgos arqueológicas. Eran cultivadores, orfebres  y pescadores. A la llegada de Francisco Pizarro y Almagro, con su tropa rumbo al Perú, estaba habitado por  un grupo de indígenas, diezmado ya, que decían descender de los Caras. La decadencia es atribuida por algunos investigadores a los grandes esfuerzos de expansión realizados hacia el norte del Pacífico, sin que los suelos fueran tan fértiles como los que dejaban atrás. Otra teoría, no confirmada, apunta a la acción de un tsunami que devastaría el territorio indígena. Dejó un gran legado de cerámica y orfebrería, que continúa descubriéndose, pero en gran parte mediante extracciones  ilícitas, no documentadas. El estudio de esta cultura es aun deficiente. Lo cierto es que cada día se desentierran cerámicas y piezas de orfebrería en oro, mayoritariamente de manera ilegal, sin documentación científica, que luego se comercian en mercados clandestinos.   

Tumaco vivió tiempos florecientes con la exportación de la tagua, hasta bien avanzado el siglo XX. Algunos europeos se establecieron en su territorio y dominaron el comercio. Grandes barcos veleros y motoveleros realizaban el comercio con el mundo. Pero la tagua cedió su puesto a una industria del plástico en el mercado mundial, aparte del agotamiento de la especie. Esta actividad marcaría la conformación estratificada de la sociedad tumaqueña de hace un tiempo.



El Estado colombiano y las poderosas empresas mineras, desde la lejana Colonia, destinaron  a los pueblos nuestros como proveedores de riqueza y mano de obra esclavizada o jornalera. Pero tanto Tumaco como los demás pueblos del Pacífico ha sufrido desde hace mucho tiempo también por causas internas como el vasallaje político y  la corrupción administrativa (salvo muy pocas administraciones),  dos realidades que cubren a toda Colombia, pero que en nuestros pueblos son mucho más desastrosas debido a las carencias seculares, que no serían tales si el rumo productivo asociativo de las comunidades negras e indígenas siguiera seguido su curso una vez emancipados. En Tumaco, por ejemplo, una familia se entronizó en el poder de una manera que hasta hoy tiene repercusiones en la estructura política. Y el panorama actual no es nada halagador, pese a que Colombia adoptó la elección popular de alcaldes, porque las estructuras de poder local impiden todo cambio, basadas en las carencias y credibilidad de las comunidades. La Constitución del 91 y todas las leyes étnicas y educativas que derivaron de ella, no han surtido el efecto necesario para el bien de las comunidades, por causas externas e internas. Para colmo, los peces  del mito se movieron.  El terremoto maremoto de 1979  causó grandes daños en la zona urbana. El corregimiento Playa  San Juan situado sobre el mar fue barrido por la marea y el casco urbano sufrió numerosas destrucciones.

A lo largo de su existencia, Tumaco ha tenido “bonanzas” económicas. La tagua (o marfil vegetal)  atrajo migrantes europeos; el caucho, la pesca, la palma africana y por último la siembra de coca, que convierte a Tumaco en uno de los epicentros del narcotráfico más importantes de Colombia, luego que fueran expulsados del Putumayo  gran cantidad de cultivadores y raspachines. Llorente, a una hora sobre la carreta a Pasto, es un centro importante del asentamiento que creció en los últimos años con la bonanza del narco, en medio de las comunidades negras y awá. El despilfarro de la nueva riqueza llega a límites que parecen incomprensibles, como lo es también la violencia y los graves desplazamientos de la población urbana y rural. Los jóvenes son reclutados desde muy temprano, en busca de un nuevo estilo de vida, basado en la ostentación, en los licores caros, los carros de alta gama y las celebraciones desmedidas y ostentosas, que marcan la nueva época. Las mujeres jóvenes están en constante peligro por violaciones o por la seducción que ejerce el poder económico. La tragedia que representó la implantación del monocultivo de palma africana significó un alto beneficio económico para los propietarios (inversionistas ausentes), una actividad que generó despojo de tierras,  lanzó a muchas familias a la zona urbana, y a muchos  jóvenes a la criminalidad, entre ellos los famosos “aletosos”, bandas que hicieron estrago sobre todo en las comunas más alejadas, a fines del siglo pasado.  

Lo cierto es que su situación actual es aterradora. La guerra llegó con desplazamientos, muertes continuas y el cambio drástico de aspiraciones de una juventud por el dinero abundante y rápido. La ineptitud  y la corrupción desde hace mucho tiempo mantienen expectativas no cumplidas y derechos fundamentales vulnerados. Con la llegada del monocultivo de la palma africana en los años 90, se inició el desplazamiento de campesinos y la pérdida de la autonomía alimentaria, y con  la siembra de la coca, se ha consolidado  la violencia de los grupos armados ilegales que comercian la cocaína que  desde allí sale a Centroamérica.

Con el ánimo de nombrar solo algunas figuras del arte, sin agotarlas, decimos que Tumaco ha producido destacados intelectuales, poetas, decimeros, músicos y cantantes de gran talla. Poetas como  Payán Archer de talla nacional e internacional, al igual que Faustino Arias. Caballito Garcés y Tito Cortés siguen siendo las figuras más reconocidas entre los artistas locales. Caballito Garcés tiene una estatua que lo inmortaliza. El marimbero Francisco Saya  es uno de los inolvidables maestros de música vernácula que produjo Tumaco. La escuela Túmac de música y fabricación de instrumentos, del maestro Francisco Tenorio, mantiene vivas las tradiciones musicales. La maestra cantora Eva Pastora desciende de la Cueva del Sapo, una casa que debe recordarse siempre porque era allí donde el bambuco viejo tenía la fuerza que proyectó hacia los nuevos tiempos. Sin embargo, muy pocos recuerdan a Terig Tucchi, un cantante y míusico internacional que fue muy reconocido en Argentina y Nueva York.

En la décima,  no podemos olvidar al decimero Catalino Moreno,  “la alondra pindaleña”, que seguramente  fue el autor de una de las décimas glosadas más importantes del Pacífico: “La concha de almeja”, una composición que circuló por toda la región Pacífico, cuando la décima ejercía su función de poesía popular y crónica de la vida ribereña. Solo hace pocos años comenzó a ser publicada, y ha permitido que perdure. Benildo  Castillo, “el autor de las tres letras”, fue su alumno. El Diablo, un tenaz decimero ha continuado el legado difundiendo por Colombia una práctica poética oral de gran arraigo en otros tiempos y creador de escuela en Tumaco, donde escuché alguna vez una décima recitada a ritmo de hip hop.

Stella Márquez, la Miss Universo de 1959, era tumaqueña. Entre otros acontecimientos, en Tumaco se creó el ya desaparecido Festival del Currulao, una actividad cultural que antecedió al Festival Petronio Álvarez, incluso con invitados internacionales, fruto de una idea de los líderes culturales Francisco Tenorio y Julio Montaño.

Un periodista nariñense, de cuyo nombre quiero acordarme, escribía algo estremecedor: a Tumaco no lo destruirá un tsunami sino la corrupción. Incendios, terremotos, corrupción, narcotráfico, señalan un cuadro trágico. Pero Tumaco tiene como muchos pueblos la fuerza para salir de la tragedia, poco a apoco, si hay un norte claro. Y ese norte está en la función como puerto en el sur, que ha sido descuidado, como productor agrícola de gran diversidad en otro tiempo, como centro turístico inigualable. Pero sobre todo con un cambio de mentalidad popular hacia la consolidación de un nuevo rumbo político. Tumaco debería ser el gran puerto al sur, junto a  Guayaquil (Ecuador), si realmente hay voluntad política del gobierno colombiano, dados los cambios que está sufriendo el comercio internacional y el límite al que llegará Buenaventura.

Grupo Túmac

 Fotos A. VAnín


VOCES EN TRÁNSITO

Para complementar  esta publicación,  le pedimos a varios personajes de Tumaco que nos enviaran algunas de sus percepciones sobre Tumaco, y a un escritor nativo que realizara una nota sobre los escritores y decimeros de Tumaco. Desde luego, no se agota todo lo que se puede afirmar o escribir sobre un pueblo, pero abrimos aquí un  recorrido por los pueblos del Pacífico, como un inmenso islario...

No hay fuerte inversión 

(Jorge Arellano, ingeniero civil)

 Veo que hay gran interés nacional e internacional por Tumaco. La carretera Tumaco-San Lorenzo esta próxima a ser inaugurada, traerá mucho turismo e impulsará el comercio. Pero Tumaco no está preparado. La vía Panamazónica sigue construyéndose. La explotación petrolera se avecina. El proyecto del puerto de aguas profundas está cogiendo cuerpo.

La gran cantidad de ONGs generan recursos y promueven el crecimiento económico.Todo está bien, salvo el crecimiento de la corrupción, las bandas criminales, el narcotrafico…

No hay fuerte inversión en el desarrollo social. No hay un estado fuerte nacional, departamental ni municipal. Se acerca la terrible fumigación por aspersion aérea que acarreará daños irreparables a las personas, a la flora y la fauna. Y contaminará los ríos.

 

Yo veo a Tumaco muy mal

(Julio Andrade,  comerciante y líder cívico)

No tenemos dirigencia en ningún ámbito. Estamos mal en lo político, en lo económico y en lo social. En lo político no veo perspectivas claras de líderes que puedan enderezar el rumbo de lo que estamos viviendo. De tal manera, que seguiremos siendo la finca de Neftalí.

Del otro lado, quienes se han agrupado para hacerle oposición,  tienen las mismas características de bandidos. No se vislumbra en el panorama, una tercería que pueda cambiar las cosas o hacer la diferencia. En lo económico, el sector comercial  desde hace algunos años ha venido sufriendo un descenso progresivo, que hoy acentuado por la pandemia, tiene este sector prácticamente en la quiebra. Sabemos que no hay empresas, ni industrias que generen trabajo suficiente y que por supuesto los empleadores del Estado, están politizados y además es un porcentaje menor. Sin embargo, y para nadie es un secreto,  este pueblo se sostiene gracias a una economía subterránea y que paradójicamente la necesitamos.

El tercer tema, el más preocupante, corresponde a lo social. Ya vimos en días passdos, el reflejo del resquebrajamiento de la sociedad, caída en lo más profundo del mal comportamiento de nuestros paisanos. Lo peor, es que esto tiende a empeorar. Podemos enumerar un sinnúmero de culpas y culpables, pero, no igual, soluciones. Cambiar este tipo de comportamientos, requiere de un trabajo articulado de muchas instituciones, esencialmente de presencia de Estado, y no precisamente de fuerza pública, sino de estamentos educativos,  culturales, etc., etc…

Convergen en Tumaco una cantidad de situaciones, que hacen de nuestra “perla”, el caldo de cultivo de condiciones invivibles. En el casco urbano de Tumaco convergen nada más y nada menos que los pobladores de 365 veredas. Gente del campo que ha sufrido durante toda su historia el abandono del Estado, muchísimos de ellos sin escolaridad alguna y, para acentuar la situación,  con poder económico ilícito y armado.

Fortalezas a futuro: difícil. Pero personalmente, tengo puestas las esperanzas en dos temas que podrían ser fundamentales:

El primero es la apertura del puente binacional del río Mataje, siempre y cuando el próximo gobierno, porque éste no creo, cumpla con las exigencia de Ecuador, de garantizar la seguridad y los establecimientos de control.

Lo segundo es el turismo, que sería el primer renglón de nuestra economía si nos lo propusiéramos con seriedad. Para ello, tendríamos que dar pasos fundamentales en materia de servicios públicos y saneamiento.  Sin esto no sería posible.

Rescatar para la comunidad las playas del Batallón (de Infantería de Marina) y que el gobierno entregue las casas fiscales que pertenecían a Ecopetrol, para un complejo hotelero, es un sueño que tengo hace años.

Solo esto cambiaría la historia de Tumaco, o por lo menos reduciríamos las cifras de desempleo en un 40 o 50 por ciento.

 

LA LITERATURA DE TUMACO

Por: Óscar Seidel*

Nuestros primeros habitantes en el Pacifico sur fueron los indígenas túmac. Luego poblarían el territorio los Sindaguas y finalmente los Awas. Hay dos versiones sobre el origen de los Tumac: la primera es que descienden de los mayas, y la segunda es que provienen de los caras del Birú.                                                                                                                                            

Luego vendrían los europeos. Fue Vasco Núñez de Balboa el que atravesó la serranía del Darién para descubrir que al oeste de Panamá había un hermoso océano al que bautizó Pacifico, o Mar del Sur. Después nos invadió el extremeño Francisco Pizarro. Impusieron su religión y el idioma castellano, que desde entonces lo hablamos y escribimos.                        El ciclo de migraciones se cierra con los nativos africanos, quienes fueron esclavizados para  aportar la fuerza física al fatigoso trabajo en las minas, en la pesca, y en la agricultura, y aunado a su alegría del baile, el misterio de la Santería, y el sonido fuerte de sus dialectos, se mezclaron con las otras comunidades para conformar la etnia Pacífica.                                                                                                         

En principio los indígenas y los negros se comunicaron a través de sus lenguas, pero ante la presión de los europeos terminaron hablando idioma de Castilla, entreverado con sus lenguas que hablaban de forma oculta. Esto dio origen a la culta palabra del Pacifico, la cual se difundió a través de la oralidad en montes y ríos, y en el lenguaje de los puertos marítimos y fluviales.                                                                                                                      

Tiempo después, empiezan a aparecer expresiones culturales escritas, que no dejaron olvidar sus historias y vivencias expresadas de forma oral. Es así como surge,  hacia la tercera década del siglo XX, una pléyade conformada por poetas, ensayistas, cuentistas, cronistas, y novelistas, quienes inspirados en el mar y la selva escribieron prosas y versos fabulosos. El mar, siempre el mar, ha inspirado a nuestros cultores de la palabra en el Pacifico, y a través del mar cantan, ofrecen amor, y expresan sus desdichas por la mujer que se fue, como el río que desemboca en el mar.        

Después de trasegar por este mar literario, sólo nos resta decir que tanto la  Tradición literaria Oral como la palabra escrita incidieron para que en Tumaco se cultive de manera intensa  la palabra.  Mencionemos algunos autores tumaqueños de esta y las pasadas décadas, que han sido publicados:                                                                    

 

Poesía

-Guillermo Payan Archer: La Bahía Iluminadaa y CenizaViva.                                                                                         

 -Faustino Arias Reinel: Sermón del Superviviente.       

 -Manuel Benítez Duclerc:  La Isla de los sueños.                                                           -Herman “Moro” Manzi Benítez: Ramas  y Prisionero del mar .                                         -Piedad Ayora: Motivaciones.                                                                                        -Helena Jiménez de Lozano: Remembranzas  y olas.                                                      -Álvaro Benítez Acevedo: Presencia del recuerdo  y Amanecer y         Triunfo.                                                                                                                      --José Ziadé Benítez: Ensoñación marina.                                                                        -Nila Del Castillo: Reencuentro con mis ancestros.                                                         -José María Obando Garrido: Bajel de mi  destino.                                                       -Octavio Montes Arango: Decálogo de versos constructores de paz.                          --Carlos Francisco Palma Urbano: Aparece en Antología de poesía Nubes Verdes.

 -Lino Antonio Sevillano: Navegación interior.                             

-Carlos Vásquez-Zawadzki: Liberaciones  y  Percusiones.                                              -Jenny Tenorio Caicedo: Entre el olvido y la esperanza.

Cuento

-Oscar Benítez Del Hierro: Cuentos y Cantos de amor y de mar.                                                                                              

-Fernando Pinzón: El país del mar y Los perros de la risa amarilla.                     

-Hernando Arcos Salazar: Crónicas de la manglería.                                                            

-Óscar Seidel: En el mar de sus recuerdos y Contra el destino nadie la talla.                                                                                                                                                             Luis Alfonso Obando: Los hambrientos de Dios.

Novela

-Ligia Vonblon: Salvador el hombre que amaba el mar.                                        

-Stella Estrada Mosquera: El doctor sin letra.                                                                                 

3. Oscar Seidel:  El dulce olor de Puerto Perla.

Décima                                                                                                                                 -Benildo Castillo: Décimas del Pacífico (antología de Óscar Mora)

-Francisco Carabalí Castro (“Pachìn”): “La tunda brava”                                                 -----Carlos Rodríguez (“El diablo”): Trayecto de la Palabra.                                                      -Telmo Santiago Angulo (“El decimero menor”):  “Décima Cimarrona”.

Etnoinvestigación

-Justo Walberto Ortiz: Diccionario Tumaqueño.                                                            -Luis Antonio Biojò Cortés: Creencias y costumbres negras.          

-Telmo Leusson Flórez: Conozca a Tumaco.                                                                          -José Carabalí Casto: Perfiles. Dirige la revista La Mina.                                                        

-Jefferson Sánchez Cifuentes: Ensayos sobre Tumaco.  

 Francisco Benítez Acevedo: Mosaico de una Época.                                                            -Gustavo Escrucería Delgado: Histografía de Tumaco y Divertimento.


*Óscar Seidel es ingeniero industrial y narrador.


El tema musical de hoy:

“Te vengo a cantar”, del Grupo Bahía, dirigido por el compositor y músico guapireño Hugo Candelario González: 

https://youtu.be/mjeF1fdz75M

domingo, 7 de marzo de 2021

 

NOTA PARA MUJERES EN ESTE NUEVO MARZO DE PANDEMIA

Por: Alfredo Vanín

La insurgencia de la mujer en la vida moderna es un hecho notorio e irreversible. No es exclusivo de un lugar del mundo. Desde las ciudades europeas hasta los países asiáticos y africanos, desde el centro de Colombia hasta las comunidades negras ribereñas del Pacífico y el Caribe colombianos, las mujeres marcan con su voz y sus actos caminos  emancipadores en el arte, el pensamiento, la industria, la política, el deporte…

A lo largo de la historia, la mujer ha estado asociada al éxtasis o al embrujo, a la migración y al encierro, a la pasividad y a la liberación, a la seducción o al desencadenamiento de la guerra. Es la que ha movido el mundo desde su centro. Ha sido maga y obrera, sacerdotisa y hetaira, diosa y guerrera.   Su simbolismo siempre es doble. En las canciones populares es causante de innumerables  desgracias, pero también la que ha llevado al hombre hasta la gloria. En las leyendas, es la que ha hecho perder la razón y ha atraído por su culpa los castigos. Pero también ha sido la que ha permitido la creación y la multiplicación de los panes. En los imaginarios universales ha sido considerada el gran útero y también el gran infierno. Es, sin embargo, la gran liberadora, o iluminadora, como lo muestran muchos episodios simbólicos (La Divina Comedia, entre otros), e históricos .

Eduardo Galeano decía que la historia la han contado en América los militares, los hombres, y los blancos. Sin embargo, la presencia de ellas es inseparable de la historia, y sus aportes –no solo biológicos-  en todos los pueblos de la tierra hicieron posible la construcción de nuestras sociedades  y siguen definiendo de manera a veces secreta, pero al final visible, la suerte de nuestras alegrías y desdichas.

La historia de  América incluye no solo a hombres sino también a bravías indígenas que se enfrentaron e poder colonial. La Gaitana es la más mencionada en Colombia, como lo es Anacaona en Puerto Rico. La Ceiba de la memoria de Roberto Burgos trae una mujer mítica del África: Analia Tubari, que sintetiza  a las princesas guerreras que murieron en su ley o fueron traídas como esclavizadas a América. Algunas en Colombia son leyendas: pero el deber es no desechar sus historias por falta de pruebas,  sino buscar por qué surgió el mito. Benkos Bioho no andaba solo: Wiwua su mujer es parte de la épica de la liberación en el Palenque de los Montes de María. El citado  Galeano contaba de Nanny, una mujer afrojamaiquina de leyenda, que desnuda, solo vestida con un collar de dientes de ingleses, derrotaba a los  destacamentos coloniales al frente de unos valerosos combatientes. En el Chocó, hay leyendas de mujeres que a finales del siglo XVIII se levantaron  de manera incendiaria contra el explotador y abusador Miguel Gómez.  En el Caribe colombiano, mujeres de Malambo comandadas por Polonia, derrotaron a un destacamento español y firmaron la paz con el gobernador Cevallos. Pero como ha ocurrido en nuestro país, las treguas y los pactos se han desconocido siempre: las guerreras fueron emboscadas y asesinadas.  Las nanas de Simón Bolívar, Matea e Hipólita, no solo le dieron leche de sus senos, sino que en ese círculo africano de esclavizados en la Hacienda de San Mateo, el futuro Libertador bebió las ideas de libertad y de igualdad.

 En el fragor de las guerras expansionistas estuvieron siempre como un anhelo distante, el trofeo de la guerra, el regreso a casa luego de muchos años de vagar por el mundo, llámese  Ítaca, Timbuctú,  París o Buenos Aires.

Las canciones populares (tango, ranchera, bolero, etc.)  lanzan mensajes contradictorios:  que la mujer hace extraviar  todo camino; que  hay que amarlas y huir de ellas luego; que es necesario agonizar a su lado, por amor o desamor. Pero de todos modos, se pretende detener el reloj de la partida.  La poesía escrita por hombres centró en ella la esencia de todo cuanto se percibe. Ahora la mirada es diferente: no la fatalidad bíblica sino el remolino de la vida cotidiana. Pero ella empezó a hablar y su voz fue poderosa. El poeta hombre ya no  podrá  nombrarla a su antojo, porque ella empezó a nombrarse en femenino y a nombrarlo en masculino desde los sueños,   deseos y rabias de mujer, como los cantos de la  inolvidable Safo.

La Biblia fue seguramente una escritura de varones, como todos los libros religiosos monoteístas, donde la mujer es solo percibida en relación a los hombres.  Hasta que la literatura abrió cauces nuevos, no solo como protagonistas sino como autoras legendarias.  ¿Quién olvida por ejemplo en América- a SaSor Juana de la Cruz,   Gabriela Mistral, a Clarice Linspector, a Meira del Mar, a Toni Morrison…     En la canción popular le quitaron exclusividad al varón:   Celia Cruz, Omara Portuondo, Elena Burke, Chavela Vargas, Adriana Varela, Toña la negra, Chabuca Granda, Buika, la Negra Grande de Colombia, entre otras. Todas hablando en femenino, algo que no podía darse en medio de las divas anteriores, con salvedades conocidas.



Museo de Salvador Bahía (Foto A. Vanín)

Las trincheras del arte son otros frentes de mujeres: Dulce María Loynás en Cuba, Alfonsina Storni en Argentina, Juana de Ibarbourou en Uruguay, Gabriela Mistral en Chile, María Cano en Colombia, Frida Khalo otra vez en México, María Teresa Varela, Celi Cruz, Delia Zapata Olivella, Totó la Momposina, en las  músicas y danzas  triétnicas de Colombia,   Elena Poniatowska, Blanca Varela, Maruja Vieira, Fanny Buitrago, Gioconda Belli... Muchas de ellas marcadas por la rebelión social o política, gobernadoras de sus destinos, emancipadas en la fatalidad social, como otras heroínas de la ficción o de la historia. La mujer en la política, el arte y en la literatura ha sido vital y su actitud es un acto de  doble emancipación, tanto como mujer sometida al patriarcado, como ciudadana y como artista o pensadora.   “Yo no escribo para esconderme sino para desnudarme”, ha dicho Gioconda Belli, otra guerrera, esta vez de Nicaragua. Y apunta: en una  entrevista a Benito Pastoriza:

“Creo que (las mujeres) aportamos la noción de integralidad entre el alma y el cuerpo; que proponemos unir la identidad escindida por el racionalismo o, en el otro extremo, por el dogmatismo religioso. La lengua materna de la mujer es el lenguaje de las emociones, por esto quizás tenemos acceso a niveles mágicos y secretos de los sentimientos humanos. Por otro lado, hay experiencias propias de la mujer como la maternidad, la percepción de la relación entre el cuerpo y la psiquis, la sexualidad como continuidad de la conversación con el amante, que son ángulos característicos del propio género y que dan una visión femenina de la realidad. La marginalidad de la mujer en la literatura casi hasta el siglo XIX hace que esto se vea aún como novedoso”.

Destaquemos varios momentos de rebeldía en la lucha latinoamericana y colombiana, en el arte y el pensamiento. Ana Caona no solo era una reina  sino también una poeta que estaba presente con voz y memoria en los areítos.  La infaltable Sor Juana Inés de la Cruz nos da otro ejemplo, quien al parecer para huir del matrimonio viste hábitos, o como se sospecha ahora, para silenciarla la encierran en el convento, sin poder callar su sensibilidad fina, su poder creativo y su curiosidad infinita. El otro momento es colombo-ecuatoriano: Manuelita Sáenz. Su apoyo vital a Bolívar y su posición frente a los convencionalismos la hace única. En ese temple llegamos a una mujer mexicana  llamada Frida Khalo, rebelde,  inseparable de la historia que empieza a escribirse en América. En Colombia María Cano representa la decisión de mujer por ser parte de todos los derechos que le conciernen al ser humano. Nuestro país, siempre gobernado por los poderes hegemónicos legales o ilegales, es de los más tardíos en reconocer los derechos femeninos. Nuestro liberalismo ideológico no cuajó al igual que en México, no logró plantar la línea divisoria en la ejecución de las obras sociales y los cambios vitales que requería un país,  y el conservatismo ideológico lo arropó hasta ahora. De allí surge esta perseguida mujer antioqueña.

No es posible nombrar a tantas, lejanas y cercanas. Poco a poco, ellas cobran a pulso pero con grandes argumentos  la dimensión que tienen: no el objeto perseguido o pasivo sino actuante, dueñas de sí mismas. Por eso para algunos violarlas es la manera de negarlas. Lo atestigua el conflicto en los barrios y selvas de Colombia. El cuerpo de la mujer ha sido el otro escenario de la guerra por el poder y el dominio de los territorios.

Otro momento colombiano lo encarna una  mujer en medio de  la insurgencia de lo étnico: Delia Zapata Olivella, que se rebela en esa tradición de las mujeres comprometidas con sus pueblos, y los asumen en su integralidad, a costa de todo, frente a las mojigaterías y ostracismos que le impedían por mujer y por negra estudiar en un conservatorio. Luego demuestra su madera: impulsó como pocas el arte de la danza y la música triétnica y enfrentó la discriminación con fortaleza y sabiduría. Mujeres indígenas y afros han podido fusionar la profunda desolación y la alegría vital: de una simbólica Úrsula Iguarán a una Totó la Momposina de carne y hueso.

Antes de cualquier revolución feminista, las mujeres se metieron en su propia piel y se interrogaron y se descubrieron. Que lo digan las mujeres actuales en Estados Unidos, Colombia o Francia, europeas o afrocolombianas, indígenas o peninsulares. El encuentro entre las descendientes del dominio europeo y las latianoamericanas se da de igual a igual, enfrentando discriminaciones y reduciendo a polvo viejos paradigmas. 

Terminamos con  este poema de la peruana Blanca Varela que considero un hondo canto intimista:

 

Fuente

 

Junto al pozo llegué,

mi ojo pequeño y triste

se hizo hondo, interior.

 

Estuve junto a mí,

llena de mí, ascendente y profunda,

mi alma contra mí,

golpeando mi piel,

hundiéndola en el aire,

hasta el fin.

 

La oscura charca abierta por la luz.

 

Éramos una sola criatura,

perfecta, ilimitada,

sin extremos para que el amor pudiera asirse.

Sin nidos y sin tierra para el mando.

 

 

 

Notas en tránsito de Islario

 

A propósito de Uribe, convocando marchas anticorrupción...

Por: Eduardo Gómez (Popayán, marzo 5 de 2021)

Evidentemente, Uribe está como cuando Pinochet se dio cuenta de que el plebiscito del 89 lo perdería y comenzó a hablar a la manera de las abuelitas aconsejadoras en la TV, ofreciéndose como "transición" entre él y él mismo... Son como los toreros, algunos deportistas y los cantantes: raras veces saben retirarse tiempo y llegan a hacer el ridículo en plazas, campos deportivos y escenarios.

¿Cómo es posible que se diga que un país "ha querido vivir bajo dictaduras"? Los pueblos no eligen las dictaduras, las provoca la élite privilegiada para impedir los cambios... Por eso, todas las dictaduras son civiles-militares. La última de Argentina, 1976-83, produjo 30.000 desaparecidos y 500 bebés fueron robados: esperaron a que sus madres, secuestradas, dieran a luz, para matarlas.. .  Nueve generales fueron juzgados por estos y otros horrores; la mayoría fueron condenados a cadena perpetua; uno a uno han ido muriendo en prisión. 

Por cierto, es de esperar que Vargas Llosa produzca un artículo sobre la dictadura civil- militar de Colombia, que produjo 6.402 falsos positivos entre 2002 y 2008. Y acá parece que el juicio al máximo responsable solo será moral o internacional, y los generales, cómo Montoya, cuando van a la JEP, dicen que los falsos positivos fueron exclusivas iniciativas, aisladas, de soldados tan estúpidos como ambiciosos..., las famosas "manzanas podridas": en 6 años, más de 6000 víctimas: jóvenes pobres de Colombia que querían trabajar; más de mil por año, tres diarias -el crimen como desayuno, almuerzo y comida en el ejército-, y eso no lo habrían notado los jefes, ni lo habrían ordenado?

¿De verdad nos creen tan estúpidos?

 

El hermoso tema musical de hoy:

 “Semilla de caña brava”. Sierra Maestra con Elmer Ferrer (Enviado desde Cali (Colombia) por el colaborador melómano Hernán Figueroa).

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